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Isabel Pantoja junto a Paquirri de novios en 1982

Hoy es 14 de febrero y yo quiero contarte una historia taurina. Una de esas que parecen escritas con mΓΊsica de fondo y olor a toro. Una historia que marcΓ³ a EspaΓ±a entera.

Te hablo de Isabel Pantoja y Francisco Rivera “Paquirri”.

Dicen que se conocieron un 26 de mayo de 1980, en una plaza de toros. Γ‰l ya era una figura indiscutible del toreo. Serio, valiente, respetado. Un hombre que llenaba plazas y titulares. Ella era una artista que ya sonaba fuerte, con esa voz profunda y esa presencia que contrastaba con EspaΓ±a. Siempre acompaΓ±ada por su madre, defendiendo su imagen, su estilo, su manera de ser.

Por ahΓ­ se cuenta que fue un flechazo. Que las miradas hablaron antes que las palabras. Que despuΓ©s de aquella corrida, Isabel invitada por unos amigos apareciΓ³ en el hotel donde Γ©l se vestΓ­a de luces. Y que cuando Γ©l le dijo con media sonrisa: “TΓΊ eres la Pantoja, ¿no?”, algo empezΓ³ a escribirse.

El 30 de abril de 1983, Sevilla se paralizΓ³. La iglesia del JesΓΊs del Gran Poder se llenΓ³ de multitudes. Invitados ilustres, cΓ‘maras, fervor popular. Isabel vestida de blanco, con una cola de siete metros. Paquirri, torero y novio, avanzando entre aplausos. Aquella boda fue un acontecimiento nacional. La copla y el ruedo unidos oficialmente.

Portada de la revista '¡Hola!' que protagonizaron Isabel Pantoja y Francisco Rivera Paquirri.

Poco despuΓ©s, el 9 de febrero de 1984, naciΓ³ su hijo, Francisco JosΓ©. Y la historia parecΓ­a tenerlo todo: amor, familia, Γ©xito, promesa de futuro. Ella misma dirΓ­a aΓ±os despuΓ©s que fue “la historia de amor mΓ‘s bonita que imaginarse pueda”. Y tambiΓ©n confesΓ³ que Γ©l fue el gran amor de su vida.

Claro, alrededor habΓ­a rumores, antiguas relaciones, titulares que mezclaban despechos y rivalidades. Era la EspaΓ±a de los 80, intensa, apasionada, mediΓ‘tica. Pero en medio de todo eso, lo que se veΓ­a era una pareja que se buscaba, que se apoyaba, que se seguΓ­a en espectΓ‘culos y corridas.

Y entonces llegΓ³ el 26 de septiembre de 1984. La plaza de Pozoblanco. La cornada de “Avispado”. La tragedia que nadie esperaba. El paΓ­s entero contuvo la respiraciΓ³n. Y aquella historia de amor se detuvo en el tiempo.

No quiero centrarme en el dolor. Hoy prefiero quedarme con lo que vino despuΓ©s: la manera en que Isabel transformΓ³ su duelo en mΓΊsica. En 1985 apareciΓ³ Marinero de luces, compuesto por JosΓ© Luis Perales. Un disco que no necesitaba explicaciones. Letras que hablaban de rojo y arena, de silencios clavados, de un “te quiero” que se fue en un tren. EspaΓ±a volviΓ³ a llorar con ella.

Portada del Γ‘lbum, "Marinero de luces"

Desde entonces, la imagen de aquella mujer con gafas oscuras, sostenida por la multitud, quedΓ³ grabada en la memoria colectiva. NaciΓ³ el mito de “la viuda de EspaΓ±a”, aunque a ella nunca le gustΓ³ ese nombre.

Fue un amor breve en tiempo, pero inmenso en intensidad. Un amor que se viviΓ³ en plazas, escenarios, iglesias llenas y portadas infinitas. Un amor atravesado por la Γ©poca, por la tradiciΓ³n, por la modernidad que asomaba.

Hoy, 14 de febrero, te cuento lo poco que se conoce de esta historia para recordarte que hubo un momento en que el toreo y la copla latΓ­an al mismo ritmo. Que hubo una pareja que hizo soΓ±ar a un paΓ­s entero. Y que, mΓ‘s allΓ‘ de rumores y titulares, hubo dos personas que decidieron quererse a su manera y juntos amar el arte.

Porque a veces el amor no se mide por los aΓ±os que dura, sino por la huella que deja.

Y este, sin duda, dejΓ³ una imborrable.

Jorge Abanto

Herencias en el Albero

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