Helkyn Vásquez
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| Helkyn Vásquez |
Llegué a Herencias por la invitación de un amigo, y acepté sin pensarlo demasiado. Desde pequeño he buscado la manera de acercarme a los festejos, de estar presente, de ver y sentir todo lo que rodea a la tauromaquia. Cuando escuché por primera vez el nombre de Herencias, pensé en algo que me iba a gustar, porque era parte de una afición que ya llevaba dentro. Con el tiempo entendí que no se trataba solo de gusto, sino de pertenencia.
Hoy, Herencias es familia. Decir que soy parte de este proyecto me genera orgullo, pero también responsabilidad. Llevar este nombre implica compromiso social y cultural, respeto por la tradición, defensa de la identidad y coherencia en la manera de actuar. Herencias es un grupo de jóvenes liderado por jóvenes, y eso lo convierte en un espacio distinto: aquí no solo se habla, aquí se aprende, se vive y se asume el peso de representar algo más grande que uno mismo.
Como joven taurino me considero apasionado. No siempre es fácil vivir esta afición en el contexto actual, donde muchas veces ser taurino es ir contra la corriente. Sin embargo, creo firmemente que a muchos jóvenes les falta descubrir la tauromaquia desde dentro, entender todo lo que implica y no quedarse solo con una mirada superficial.
Para mí, la tauromaquia es identidad, es arte en su máxima expresión, es cultura viva y es familia. Es respeto, disciplina y verdad. Con el tiempo, mi afición no solo ha crecido, sino que se ha fortalecido: he aprendido a verla mejor, a vivirla con mayor conciencia y a defenderla con argumentos y convicción. Y en ese camino, Chota ocupa un lugar fundamental. Siendo la segunda plaza de toros más importante del Perú y el lugar donde nació mi afición, donde todo empezó a tomar sentido.
Herencias me ha aportado, más que conocimientos, experiencias. Vivir de cerca el desarrollo de las actividades, compartir momentos y ser testigo directo de todo el trabajo que hay detrás ha marcado mi manera de entender la tauromaquia. Una de las experiencias que más me impactó fue participar en un desembarque, porque ahí comprendí la dimensión real de la organización, el respeto y la responsabilidad que exige esta tradición.
Sigo en Herencias por el orgullo que se siente al llevar su nombre y por la pasión que acompaña ese sentimiento. Quiero aportar con lo que sé, apoyar en la organización y seguir creciendo junto al proyecto. Mi deseo es que Herencias sea recordada como la referencia de los jóvenes taurinos en el Perú y el mundo, y que quien tenga dudas de pertenecer, al leer estas líneas, se anime a dar el siguiente paso.
"Mi afición nació en Chota, creció en la plaza y hoy la vivo con respeto y convicción."

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