Fridha Ato

 

Fridha Ato

Desde el día en que mi primo Javier me propuso ser parte de los miembros fundadores de Herencias en el Albero, sentí una emoción muy especial. No fue solo sumarme a un proyecto, fue reconocerme en una historia que me ha acompañado toda la vida. Aceptar fue inmediato, porque el mundo taurino siempre ha sido parte de mí.

Soy chotana y crecí entendiendo la tauromaquia como lo que realmente es en mi tierra: cultura, tradición e identidad. No la aprendí desde los libros ni desde la distancia, la viví. Es una herencia viva, transmitida con respeto y pasión de generación en generación, que forma parte de nuestra memoria colectiva y de la manera en que nos reconocemos como pueblo.

Ser parte de Herencias en el Albero me permitió asumir con mayor conciencia mi rol como joven taurina, activista y promotora cultural. Hoy entiendo que defender la tauromaquia no es imponer ideas, sino saber explicarlas con argumentos, sensibilidad y respeto. Somos una generación que cree en el diálogo, en el conocimiento y en la importancia de preservar nuestras expresiones culturales sin perder la capacidad de cuestionarnos y aprender.

Herencias va mucho más allá de ser un proyecto entre amigos. Es un espacio donde he aprendido, reflexionado y crecido. Ha reforzado valores que ya estaban en mí, como el respeto, la identidad y el compromiso, y me ha enseñado que amar una tradición también implica responsabilidad y preparación.

Lo que me motiva a seguir es el amor real que siento por la tauromaquia como manifestación cultural y social. Me mueve la convicción de que nuestras tradiciones no están ancladas al pasado, sino que siguen vivas en quienes las entendemos y las defendemos con coherencia. Ser parte de Herencias en el Albero es honrar mis raíces, vivir el presente con orgullo y construir un futuro donde la cultura tenga voz, sentido y continuidad.

"En la vida, como en el ruedo, no se trata de no sentir miedo, sino de pararse firme, respetar lo que uno ama y seguir adelante con verdad."



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