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| Lagartijo se declara en huelga de hambre ante la Puerta de Los Califas tras su ausencia en la Feria de Mayo. |
Javier Moreno “Lagartijo” ha decidido jugarse algo más que una tarde. El matador cordobés se ha declarado en huelga de hambre ante la Puerta de Los Califas después de quedar fuera de la Feria de Mayo, en un gesto extremo con el que reclama sitio en la plaza donde aprendió a soñar vestido de luces.
Hoy en día no es habitual que un torero proteste así. El torero suele callar, tragar, esperar, aguantar. Pero esta vez no. La empresa gestora presentó los carteles de la Feria de Mayo 2026 sin el nombre del matador cordobés. Según ha manifestado el propio Lagartijo, se le habría trasladado que determinadas figuras no ven conveniente compartir cartel con él. No hay confirmación oficial de vetos ni nombres propios, pero el malestar es evidente.
No es un ajuste de cuentas. Es un síntoma. Aquí ya no se discute solo un puesto en un cartel. Se discute el modelo de la fiesta. ¿Quién decide quién torea? ¿El mérito, la taquilla, la trayectoria, los equilibrios empresariales? ¿Dónde queda el llamado “torero de la tierra”?
El término no es sentimentalismo. En la tradición taurina, el torero de la tierra es quien nace y se forma bajo la mirada de su afición, quien debuta ante los suyos y siente esa arena como parte de su identidad. No es un invitado: es continuidad.
En plazas con historia, ese vínculo siempre ha tenido peso. No garantiza contratos, pero sí abre un debate cuando el nombre propio desaparece del abono mayor. Lagartijo sostiene que no pide privilegios, sino oportunidad. No exige favores, sino sitio.
La protesta, aunque extrema, tiene precedentes en el mundo del toro. En otras ocasiones, matadores y novilleros han recurrido a gestos similares ante la falta de oportunidades en plazas de primera categoría. Son decisiones incómodas, poco frecuentes, que revelan la tensión permanente entre aspiración y estructura.
| Luis Gerpe, en huelga de hambre en la Puerta de Las Ventas - Madrid |
La empresa defiende que la confección de carteles responde a criterios profesionales y comerciales: equilibrio, atractivo para el público, proyección de la feria. Es la lógica empresarial de la tauromaquia moderna. Pero las plazas no son solo empresas. También son memoria.
La imagen ya forma parte de la historia reciente de Córdoba: un torero sentado ante la Puerta de Los Califas, sin capote ni espada, defendiendo su nombre como quien se queda plantado en los medios esperando que el toro arranque.
No hay paseíllo, no hay clarines, no hay ovación. Solo espera. Porque al final, el toreo siempre ha sido cuestión de plantarse en el sitio y no dar un paso atrás.
Mauricio Alarcón
Herencias en el Albero
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